Salir de Vigo rumbo a Ons tiene algo especial porque el viaje empieza mucho antes de poner un pie en la isla. La ciudad se va quedando atrás, la ría cambia progresivamente de escala y el barco termina encaminándose hacia un archipiélago que pertenece al municipio de Bueu pero parece funcionar con otro ritmo. Cuando compro billetes isla de ons desde Vigo, no pienso únicamente en reservar una plaza en una embarcación: reviso también el horario del tren si llego desde otra ciudad, la autorización necesaria para entrar en el Parque Nacional y el tiempo que necesito entre alcanzar la estación marítima y subir finalmente a bordo.
La travesía desde Vigo es sensiblemente más larga que el habitual trayecto hacia las Cíes. En los servicios disponibles durante la temporada de 2026 aparecen recorridos de aproximadamente una hora y cuarto y otros cercanos a una hora y media, dependiendo de la naviera y del servicio concreto. Los horarios pueden cambiar a lo largo de la temporada y también están condicionados por las condiciones marítimas, así que utilizo esas duraciones como referencia y compruebo siempre el billete definitivo antes del viaje. Para mí, esa hora larga de navegación no es tiempo perdido: forma parte de la excursión.
Procuro llegar al puerto sin ir justo de tiempo. Los barcos regulares que operan desde Vigo utilizan la Estación Marítima de Ría, situada en Cánovas del Castillo, junto al entorno del puerto y a muy poca distancia del Casco Vello. Esa ubicación facilita bastante las cosas para quien ya está alojado en el centro, pero también permite combinar la salida con el tren si se viene desde Santiago, A Coruña, Ourense u otra ciudad conectada con Vigo.
Aquí conviene distinguir las dos estaciones ferroviarias de la ciudad. Vigo-Urzáiz recibe los servicios de alta velocidad y otros trenes que conectan con diferentes puntos de Galicia y de la red ferroviaria, mientras que Guixar mantiene otros servicios de media y larga distancia. Antes de comprar el barco compruebo a cuál de las dos llego, porque aunque ambas están dentro de la ciudad, no quiero diseñar una conexión con quince minutos de margen como si la puerta del vagón y la pasarela del ferry estuvieran una al lado de la otra.
Desde Urzáiz prefiero reservar margen suficiente para bajar hacia la zona portuaria sin prisas. Si llevo poco equipaje y el horario acompaña, el recorrido urbano puede integrarse perfectamente en el viaje; con niños, personas mayores o maletas, un taxi puede simplificar la conexión. Desde Guixar hago exactamente el mismo planteamiento. Lo importante es no utilizar únicamente el tiempo teórico del desplazamiento, sino añadir unos minutos para localizar el punto de embarque, pasar por el mostrador de la naviera si es necesario y resolver cualquier incidencia.
La autorización de acceso es todavía más importante, porque Ons forma parte del Parque Nacional Marítimo-Terrestre de las Islas Atlánticas de Galicia y durante la temporada de mayor afluencia existe un sistema específico para controlar las visitas. En 2026 la Xunta exige autorización administrativa durante Semana Santa y entre el 15 de mayo y el 15 de septiembre. El trámite es gratuito y genera inicialmente un código de prerreserva que sirve para adquirir el billete con una naviera autorizada. Una vez comprado, se obtiene la autorización definitiva.
Este procedimiento merece hacerse con atención porque el código provisional no permanece indefinidamente reservado. Según la información oficial, después de obtenerlo hay un plazo de dos horas para comprar el billete; si ese periodo transcurre sin completar la compra, es necesario realizar nuevamente la gestión. La autorización puede solicitarse con hasta 90 días de antelación y la definitiva debe llevarse impresa o en el teléfono para mostrarla cuando sea requerida durante el embarque. Por eso no dejo el trámite para mientras camino hacia el muelle.
Me resulta más cómodo guardar el QR o documento de autorización en el propio teléfono y, además, hacer una captura de pantalla. Normalmente habrá cobertura y acceso al correo, pero depender únicamente de abrir un mensaje en el último segundo me parece una complicación innecesaria. También guardo el billete de la naviera y compruebo si exige pasar previamente por su caseta o mostrador para recoger documentación física.
Fuera del periodo principal el funcionamiento cambia. La propia Xunta indica que, en temporada baja, las visitas a Cíes y Ons se realizan mediante grupos organizados con guía y deben gestionarse a través de las navieras autorizadas. Esta diferencia es importante si estoy pensando en una escapada de otoño o invierno, porque no puedo asumir que encontraré exactamente el mismo servicio regular que en agosto.
Una vez en el barco, Vigo comienza a verse desde una perspectiva distinta. La salida permite observar el frente marítimo, las instalaciones portuarias y progresivamente la amplitud de la ría. A medida que el trayecto continúa, la navegación abandona la sensación urbana y se acerca al entorno atlántico que caracteriza el Parque Nacional. Cuando el día está despejado, prefiero permanecer un rato en cubierta, siempre que las condiciones y la embarcación lo permitan, porque llegar a Ons viendo cómo aparece la costa es mucho más interesante que pasar toda la travesía mirando el teléfono.
El desembarco se realiza en la zona de O Curro, donde se concentran buena parte de los servicios. Desde allí puedo empezar distintas rutas señalizadas hacia el faro, Melide, los acantilados o el Buraco do Inferno. Ons no es una isla que necesite una sucesión interminable de atracciones: gran parte de su interés está precisamente en caminar, cambiar de vertiente y comprobar cómo una costa relativamente protegida se transforma en el lado occidental en un paisaje mucho más abrupto. Turismo Rías Baixas destaca ese contraste entre playas, acantilados, el faro y el núcleo marinero todavía habitado.
Intento no calcular la ruta únicamente por kilómetros. En una isla como Ons me detengo continuamente para mirar el mar, fotografiar un paisaje o desviarme dentro de los itinerarios permitidos hacia un mirador. El Parque Nacional recuerda que el visitante debe mantenerse en las rutas señalizadas, una condición lógica en un espacio protegido donde conservar el terreno es más importante que inventarse atajos para ahorrar cinco minutos.
La comida es una de las grandes recompensas de la jornada. Ons conserva una tradición gastronómica muy vinculada al mar y especialmente al pulpo. La propia documentación del Parque Nacional recoge la caldeirada de pulpo de Ons como una de las preparaciones características de la isla, ligada a una larga historia de pesca de este cefalópodo en sus aguas. Después de varias horas caminando, cuesta imaginar un contexto mejor para sentarse a comer.
Actualmente el Parque Nacional identifica tres establecimientos de hostelería en O Curro: Casa Checho, Casa Acuña y O Pirata de Ons, aunque sus periodos de apertura varían según el transporte regular y la afluencia de visitantes. Esto último es importante fuera de temporada alta, porque no doy por supuesto que encontraré todos los servicios funcionando cualquier día del año.
Si puedo elegir, me gusta dejar tiempo suficiente para comer sin convertirlo en una parada apresurada entre dos rutas. Un pescado, una preparación de pulpo o cualquier plato marinero adquieren otro sentido cuando prácticamente veo desde la mesa las aguas de las que procede buena parte de esa tradición culinaria. Ons mantiene una relación con Bueu y con la cultura pesquera de O Morrazo que se nota tanto en sus casas como en la cocina.
También llevo agua y algo de comida propia, incluso cuando tengo previsto sentarme en un restaurante. El día puede alargarse, los horarios pueden no coincidir con mi ruta y depender completamente de encontrar una mesa libre en pleno verano no me parece la mejor planificación. Al mismo tiempo, intento llevarme de vuelta todo aquello que genero durante la visita y reducir al mínimo los residuos, porque estar en un Parque Nacional implica algo más que conseguir un QR para entrar.
Antes de iniciar la última caminata miro siempre la hora de regreso. Perder el barco en una isla no es comparable a perder un autobús urbano y confiar en que dentro de quince minutos llegue otro. Los servicios tienen horarios concretos y varían según fechas y navieras. Prefiero estar de nuevo en O Curro con margen, tomar algo con calma y acercarme después al embarque.
La vuelta hacia Vigo suele ser uno de mis momentos favoritos. Después de varias horas entre senderos, el barco recupera progresivamente el paisaje urbano y aparecen de nuevo las luces, las grúas del puerto y la silueta de la ciudad. Si todavía tengo que enlazar con un tren en Urzáiz o Guixar, dejo también margen entre la llegada prevista del ferry y la salida ferroviaria, porque el estado del mar no entiende demasiado de conexiones ajustadas. Así cierro una jornada en la que el viaje no empieza realmente en Ons ni termina al subir al barco de regreso: comienza en el momento en que Vigo queda detrás de la popa y durante un rato todo lo que queda delante son agua, senderos y una isla que no necesita demasiado ruido para hacerse recordar.