Siempre he sentido una fascinación especial por la madera. Su calidez, su versatilidad y ese aroma inconfundible me han atraído desde niño. En Vigo, donde he vivido toda mi vida, he trabajado en diferentes oficios relacionados con la construcción, pero la idea de construir casas de madera siempre rondaba mi cabeza como un proyecto pendiente. Finalmente, decidí dar el paso y buscar un curso especializado, y el destino me llevó hasta Silleda, un lugar conocido por su tradición en la construcción con madera.
Llegar a Silleda fue como entrar en un mundo nuevo. Rodeado de bosques y con una fuerte cultura de la madera, el ambiente era inspirador. El taller donde se impartía el curso era un paraíso para los amantes de este material: tablones de diferentes tipos, herramientas de todo tipo y el constante olor a madera recién cortada. Desde el primer día, la teoría se combinó con la práctica de una manera que nunca había experimentado en otros cursos. Aprendimos sobre los diferentes tipos de madera, sus propiedades y cómo tratarlas para garantizar su durabilidad. También nos enseñaron sobre los sistemas constructivos, desde el entramado ligero hasta la construcción con troncos, pasando por las técnicas de aislamiento y revestimiento.
Pero lo más emocionante, sin duda, fue poner las manos a la obra. Empezamos con proyectos pequeños, como construir estructuras básicas y practicar ensamblajes. Recuerdo la satisfacción de encajar dos piezas de madera con precisión, utilizando solo herramientas manuales. Poco a poco, los proyectos se fueron volviendo más complejos. Construimos pequeñas cabañas, aprendimos a levantar paredes, a instalar ventanas y puertas, e incluso a montar cubiertas. Cada error era una lección, y la guía paciente de los instructores nos ayudaba a corregirlos y a mejorar nuestras habilidades.
Silleda, además del curso, me ofreció la oportunidad de conocer a otros apasionados de la construcción en madera. Compartir experiencias con compañeros que venían de diferentes lugares y con distintos niveles de experiencia fue muy enriquecedor. Visitamos algunas construcciones de madera en la zona, desde casas rurales tradicionales hasta modernas viviendas bioclimáticas. Ver la belleza y la funcionalidad de estas construcciones en persona reafirmó mi convicción de que este era el camino que quería seguir.
El curso en Silleda no solo me proporcionó los conocimientos técnicos necesarios, sino que también me inculcó una nueva forma de entender la construcción. Aprendí a valorar la sostenibilidad de la madera como material, su eficiencia energética y la calidez que aporta a los espacios habitables. Volví a Vigo con una maleta llena de herramientas nuevas, pero sobre todo, con la confianza y la motivación necesarias para empezar a trabajar en proyectos de construcción como las de casas de madera Silleda.
Sé que el camino no será fácil y que aún tengo mucho que aprender, pero la base que adquirí en Silleda es sólida. Mi objetivo es poder ofrecer en Vigo una alternativa constructiva más sostenible y acogedora, utilizando la madera como protagonista. Sueño con diseñar y construir casas que no solo sean funcionales, sino que también estén integradas en el entorno y transmitan esa calidez y conexión con la naturaleza que tanto me atrae de la madera. Mi aventura en Silleda fue solo el principio de un viaje que espero sea largo y lleno de proyectos emocionantes.