El primer viaje en barco

Aquel primer viaje en barco a Cangas quedó grabado como una iniciación silenciosa, una mezcla de expectación y asombro que marcó un antes y un después. La travesía comenzó temprano, cuando el puerto aún bostezaba y el aire salino se pegaba a la piel con una frescura nueva. Desde la cubierta, el viajero observaba cómo la ciudad quedaba atrás poco a poco, reducida a líneas y colores que se disolvían entre la bruma matinal.

El barco avanzaba con un ritmo sereno, cortando el agua de la ría como si conociera de memoria el camino. A cada metro recorrido, el paisaje se abría y ofrecía una sucesión de escenas tranquilas: el reflejo del cielo sobre el mar, las gaviotas acompañando el trayecto, el rumor constante del motor mezclado con las conversaciones suaves de otros pasajeros. Todo parecía invitar a la calma, a una atención distinta, más pausada.

Durante la travesía, la mirada se detenía en los detalles. Las bateas flotaban como plataformas inmóviles, recordando la relación antigua entre la gente y el mar. A lo lejos, las siluetas de las islas emergían como promesas, mientras el viento movía el cabello y despejaba los pensamientos. Era un viaje corto en distancia, pero amplio en sensaciones, suficiente para sentir que se cruzaba algo más que agua.

Cuando Cangas empezó a tomar forma, el pueblo apareció acogedor y luminoso. Las casas, el puerto y las colinas verdes componían una imagen sencilla, casi íntima. El desembarco fue tranquilo, sin prisas, como si el tiempo allí tuviera otra medida. Al poner un pie en tierra, el viajero sintió la certeza de haber llegado a un lugar donde el mar no era solo paisaje, sino parte esencial de la vida cotidiana.

Ese primer viaje en barco no fue solo un medio para alcanzar un destino, sino una experiencia completa en sí misma. Supuso el descubrimiento de una manera distinta de moverse y de mirar, de dejarse llevar entre orillas. Con el recuerdo del balanceo suave y el olor a sal, Cangas quedó asociada para siempre a esa primera travesía, convertida en memoria fundacional y en invitación constante a regresar.