Aunque haya sido tachado como un mal hábito, el rascado felino es una práctica natural e instintiva que conviene fomentar. Esta costumbre de rascar y afilarse las uñas genera problemas de convivencia entre los humanos y las mascotas, pero los veterinarios recomiendan no castigar este hábito, ya que forma parte de los cuidados de bienestar para tu gato.
Que los gatos rasguen la alfombra, las cortinas o el sofá no demuestra que sean traviesos. La compra de rascadores felinos ayuda a canalizar esta conducta, pero en ningún caso la suprime. Y es que el rascado es una necesidad biológica que ofrece toda clase de beneficios a estos animales.
Este comportamiento permite al gato liberar la ansiedad y las tensiones acumuladas durante el día, reduciendo así su estrés. Esto contribuye no solo a mejorar su estado anímico, sino también a minimizar el riesgo de desarrollar enfermedades relacionadas con episodios de estrés (la cistitis idiopática felina, por ejemplo).
A través del rascado, el gato mantiene bajo control la longitud de sus uñas. Cuando estas estructuras se desarrollan demasiado, producen toda clase de molestias: desgarros, dificultad para caminar, etcétera. Prevenir su crecimiento excesivo es una de las ventajas de usar el rascador con regularidad.
Por otra parte, el sedentarismo es una epidemia que afecta no solo al ser humano, sino también a sus mascotas. Promover el rascado hace que los gatos ejerciten los tendones y articulaciones, conservando intacta su flexibilidad y su fuerza sin abandonar su hogar.
Aunque pueda sorprender, los gatos marcan su territorio al rascar de diversas formas. Las glándulas odoríferas presentes en sus almohadillas ‘imprimen’ feromonas en la superficie rascada, donde los surcos de las uñas funcionan como advertencia a otros felinos. Este marcaje, carente de sentido en entornos domésticos, incrementa la sensación de seguridad y bienestar del felino.